Lo que ocurre es que hace mucho viento, dijo, y se marchó airosamente como quien se despide con un hasta la vista. Me quedé mirándola fijamente, cómo contoneaba las caderas con esa chulería propia de quien quiere creer que lleva la razón. Tenía un morro que se lo pisaba. Instintivamente pensé en llamarla de un grito, pero me pareció que no se merecía ni eso. Sin dejar de observarla, con cierta rabia pensé: lo que ocurre es que eres una mal educada, que crees que se te está permitido excusarte de cualquier forma, ¿pero sabes lo que realmente ocurre? Ocurre que no sabes vivir sin él, y me das lástima.
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