jueves, 12 de marzo de 2009

Unas Fiestas Dionisíacas

Resulta curioso cómo el ser humano se organiza según sus necesidades. Conseguir alimentos y cobijo parece que son las dos que primero se nos vienen a la cabeza. Pero no todo se reduce a eso, de hecho, aun siendo factores esenciales para la supervivencia, resultan demasiado primarios, tan elementales que se hacen aburridos. Y es ahí donde entra en juego el kit de la cuestión: el aburrimiento.

Aburrirse puede llegar a resultar para un ser humano incluso peor que no tener qué comer o dónde vivir. No, no es una exageración, hablo del ser humano en su condición biológica, y la depresión es patente desde tiempos prehistóricos, confirmada por los ininterrumpidos suicidios en la historia de la humanidad. De esta manera, los humanos necesitan, al igual que comer y dormir, diversión, y es aquí donde llevan a cabo sus más complejas organizaciones.

Se conoce, en la antigua Grecia, festejos que se llevaban a cabo con el pretexto de adoración a algún dios del Olimpo. Algunos de ellos consistentes sólo en un simple sacrificio animal, pero otros, los más notables, se desarrollaban de manera exageradamente grandiosa. Me estoy refiriendo, por supuesto, a las grandes fiestas en honor a Dionisio, dios del vino, donde se habla de un estado de embriaguez casi permanente de los festejadores.

El Imperio romano no se quedó atrás. Las orgías y los arenes abundaban de una forma tan natural que en nuestra sociedad de influencia católica no es de extrañar que se considere por muchos como una actitud grosera y poco civilizada. Pero nada de eso. Estas fiestas de la antigüedad clásica no son más que un modelo a seguir en nuestra época. Cambiamos la veneración a los dioses por la adoración a los santos, los arenes por discotecas, y el vino…, el vino seguirá siendo siempre vino.

El ser humano necesita diversión, y como con todo, para conseguirla le hace falta una organización, un orden muchas veces basado en el desorden. La contradicción es una de las realidades más humanas que existen.

De este modo, en estas fechas de mediados de Marzo, poco antes de que comience la primavera, la sociedad se organiza, necesita romper con la monotonía, divertirse con el desorden y el caos al que no está acostumbrada. Pues al fin y al cabo, ¿qué es la diversión si no romper con la rutina? ¿Y qué es la rutina sino una organización organizada? Así pues, la organización que se llevará a cabo para romper con la rutina no será otra que una organización desorganizada.

Se huele, se siente, casi se toca la tensión de esos días próximos a las fiestas dionisíacas, donde todo vale y nada prevale. Esas celebraciones para descargarlo todo, para divertirse sin límites, olvidándose muchos de que todavía deben comer y dormir.

Disfruten, rían, canten, bailen, emborráchense, sueñen despiertos. Están en su derecho de deleitarse, al menos una vez al año, de algo tan humano como es la alegría de vivir.

sábado, 7 de marzo de 2009

Ocurre que

Lo que ocurre es que hace mucho viento, dijo, y se marchó airosamente como quien se despide con un hasta la vista. Me quedé mirándola fijamente, cómo contoneaba las caderas con esa chulería propia de quien quiere creer que lleva la razón. Tenía un morro que se lo pisaba. Instintivamente pensé en llamarla de un grito, pero me pareció que no se merecía ni eso. Sin dejar de observarla, con cierta rabia pensé: lo que ocurre es que eres una mal educada, que crees que se te está permitido excusarte de cualquier forma, ¿pero sabes lo que realmente ocurre? Ocurre que no sabes vivir sin él, y me das lástima.

jueves, 5 de marzo de 2009

Ni un duro por ti.

Creyéndote con la razón e incomprendido, te lanzas cual fiera defendiendo inútiles ideas sin fundamento. No eres más que una basura de persona, de esas que, por ignorantes, hacen de sí mismas un auténtico desperdicio. De esas que se consideran verdaderamente únicas, creyéndose gentes interesantes rechazadas por una sociedad incapaz de comprenderles. ¡Despierta chával! No vales un peine. Aquello que crees original en ti no es más que una copia barata de lo que ves por televisión, y tus creencias inflexibles no significan intelectualidad, sino el reflejo de una acusada inconsciencia. Aun así, te diré una cosa: me gusta que seas un auténtico idiota.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Fue suerte

Si no sabes ni siquiera cómo lo hiciste. Fue una suerte, como una bendición que se te concedió en un lapso de tiempo relativamente corto, y una vez llegada a su fin la buena racha, te sientes torpe. No digo que no, tal vez tenías razón, tal vez tuviste razón todo el tiempo al decir que no había nada que resaltar, que nada tenía ningún valor. Aunque lo dudo, fingías, como siempre, sino ¿porque ahora te das cuenta? te das cuenta de cómo era, cómo fue aquello de sentirse fuerte. Te consideraste, por primera vez en la vida, destacada en algo. No eras más que una inútil ilusionada. Hoy vuelves a la realidad. Siempre te fue mejor tener los pies en la tierra.

domingo, 1 de marzo de 2009

Se respiraba ya

Se respiraba ya una tranquilidad de domingo
casi palpable.
El descanso después de un gran forcejeo
acabó en una tremenda paz.
La paulatina recuperación tras la extenuación
retomó al fin la quietud.
Suave respiración de quien duerme entre sábanas blancas.
Cansa tanto el dolor.
Calma tanto el amor.

sábado, 28 de febrero de 2009

Esto es de locos

Estoy nerviosa. No puedo dormir, me despierto cada noche 324592 veces y miro el reloj. No puedo parar de pensar en otra cosa, no puedo hacer nada que no sea pensar, y ay de mi, tengo tantas cosas que hacer... ¿Y en qué pensaba yo antes de todo? Ya no puedo recordarlo. Se está convirtiendo en una obsesión. Estoy obcecada en el asunto de tal forma que creo que pronto me volveré loca. Si no lo estoy ya.
Y realmente no sé lo que quiero. ¿Por qué estoy nerviosa? Será la incertidumbre, el sentir que no tengo el control de nada, la lotería de lo que pueda pasar me altera. Sé que es todo una jugarreta de mi humana mente. Es desconcertante. Ahora entiendo más que nunca que nada es entendible. Y si no hay razones, la bola de nieve se va a hacer más grande aún en mi cabeza. Esperaremos a que se derrita. Necesito tiempo. Esto es de locos.

viernes, 27 de febrero de 2009

El Mundo Ideal

Me pone enferma. Me pone enferma esa ridícula tendencia a idealizar. El descontrol del poder de nuestra imaginación la hace volar infinito, a un mundo de arcoiris y florecillas donde siempre luce el sol. Después te estrellas con la realidad y te encuentras desolado, llegándote a creer desgraciado.
Nuestra vida es una continua persecución hacia ese mundo ideal, que nunca se llega a alcanzar.
Y el amor. Piensas que el amor es el nombre de ese ansiado mundo. El amor no es más que otra desilusión más. Crees que estás enamorado y al día siguiente puede que todo se desvanezca como un castillo de naipes. Sin motivo ni razón.
Dudo que algo atienda a razones.
Puede ser precioso.
Pero tan efímero.

viernes, 20 de febrero de 2009

¿A qué sabe?, ¿a qué huele?, ¿qué forma tiene?, ¿de qué color es?

Sabe amargo, huele a sucio, es puntiagudo y gris. Dolor.

Sabe podrido, huele a putrefacto, es duro y negro. Miedo.

Sabe a agua, huele a aire, es plano y transparente. Aburrimiento.

Sabe suave, huele a limpio, es blando y azul. Tranquilidad.

Sabe a frutas, huele a flores, es un sol y multicolor. Felicidad.

Sabe dulce, huele a rosas, es redondo y rosa. Amor.

martes, 17 de febrero de 2009

Mecíase la niña

En el oscuro rincón, acurrucada, mecíase la niña envuelta en la blanca bata holgada. Cerraba los ojos e intentaba imaginar. Intentaba sin lograr. Hacía mucho tiempo la imaginación había sido su mejor arma para vencerlo. Vencer al miedo. Pero sentía que con el paso de los años, además de ver cada vez más alejada su niñez, su mente se cerraba, y ya no conseguía refugiarse en aquella fantasía que durante tanto tiempo le había hecho salir adelante.
Mecíase la niña, con la cabeza encajada entre las piernas, con las huesudas manos abrazándose. Y lo sentía cada vez más próximo. La fría tristeza, la desolación, el desamparo, el temor. La desesperanza del final. Sentía la debilidad del vencido en todo su consumido cuerpo.
Mecíase la niña, incapaz de afrontar.
Mecíase.

domingo, 15 de febrero de 2009

Sentido o Sinsentido

Claro que el sentido de todo estaba ahí, esperando a revelarse. Mientras el mundo corría, el tiempo pasaba, las gentes nacían, vivían, morían. Y todo estaba envuelto en una misma unidad, un único motivo por el que ser. Existir.
O quizá no. Quizá ese velo que se extendía abarcándolo todo no era mas que un sinsentido. No había motivo por el que ser. Nada.
La nada le daba miedo. La nada debía darle miedo. Limitado por la existencia, la condición humana, se sentía tan impotente, tan miserable encajado en ese mundo, en ese cuerpo y esa vida. Condenado.
Y el sentido o el sinsentido seguían sin revelarse. A veces cerraba los ojos, respiraba fuertemente y conseguía, más que sentirlo, percibirlo. El sentido del ser. Y el del no ser. Percibir que estaba ahí. Pero sin ser capaz de alcanzarlo.
Lloraba de impotencia. Con esa tan característica forma de expresión humana que son los sentimientos. Lloraba a la vez que reía y amaba. Tenía por qué reír y a quién amar. Eso era lo único que realmente le daba sentido a todo.

sábado, 7 de febrero de 2009

La mamá

Hoy es un día de esos en los que, sin saber bien por qué, estoy mal. Mal en el sentido de que me están desaparecidas todas mis ganas, mis fuerzas e incluso mis esperanzas. Mal porque nada me suscita nada, y si cabe algo es simplemente tristeza y cierta melancolía. La mamá duerme en el sofá, a mi lado. Y la observo. El lento subir y bajar de una respiración relajada. Y afuera el frío aire de invierno. Tranquilidad. La miro y pienso en todo lo que es. Una minúscula parte del universo, prescindible. Y a la vez tan imprescindible. La mamá no es sólo quien me hizo venir a este injusto mundo, sino que la mamá es esa que me prepara el zumo por las mañanas, me envuelve el bocadillo del almuerzo en papel de albal y me pregunta si quiero un té después de cenar. La mamá es la única que se despierta a las cuatro de la mañana para tranquilizarme cuando estoy enferma, y que interrumpe su siesta para prepararme la merienda. Ella es la única que está dispuesta a lavarme la ropa interior cuando la mancho, y la única también que está pendiente de que mis sábanas estén siempre limpias. Es la única que me pregunta qué tal me ha ido el día porque de verdad le importa cómo me ha ido el día. La mamá me apoya en todo lo que pretendo, se interesa, me escucha, le importo. Pero sobre todo, la mamá es la única persona que conozco que prefiere hacerme feliz antes de serlo ella. Cuando ríe, ríe porque yo río. Y si llora, es porque yo lloro. Lo peor de todo es que yo aún no puedo valorarlo, todavía no sé que nadie hará eso por mi nunca. Se llama amor, y es precioso. Precioso porque sin saberlo, te ves envuelto en un manto que te da fuerzas, ganas, y esperanzas para todo. Ese manto materno que te impulsa cuando crees que lo has perdido todo. Cuando crees que nada vale nada y te echas a llorar. Es entonces cuando llega la mamá con su abrazo, mientras el resto duermen en calma.

Efímero

Tal vez tuviera razón. O tal vez no. Pero era absurdo pensarlo, profundizar tanto en algo que, al fin y al cabo, eran tan efímero. Efímero como el viento, como los pétalos de una dalia y el calor de una llama. Efímero como la vida misma.

Entretanto, corría de un lado a otro, sin saber si quiera adónde iba. Sin rumbo ni dirección alguna. Y sin ninguna meta no era nadie. Nadie es nadie si no persigue un fin. Le entristecía pensar en la llegada del fin, el principio del final con el que comenzaría a terminar. Pasaban las horas, ¿y qué era el tiempo? Impotente, se sentaba a esperar. Encadenada a la condena de existir.