Me pone enferma. Me pone enferma esa ridícula tendencia a idealizar. El descontrol del poder de nuestra imaginación la hace volar infinito, a un mundo de arcoiris y florecillas donde siempre luce el sol. Después te estrellas con la realidad y te encuentras desolado, llegándote a creer desgraciado.
Nuestra vida es una continua persecución hacia ese mundo ideal, que nunca se llega a alcanzar.
Y el amor. Piensas que el amor es el nombre de ese ansiado mundo. El amor no es más que otra desilusión más. Crees que estás enamorado y al día siguiente puede que todo se desvanezca como un castillo de naipes. Sin motivo ni razón.
Dudo que algo atienda a razones.
Puede ser precioso.
Pero tan efímero.
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