martes, 17 de febrero de 2009

Mecíase la niña

En el oscuro rincón, acurrucada, mecíase la niña envuelta en la blanca bata holgada. Cerraba los ojos e intentaba imaginar. Intentaba sin lograr. Hacía mucho tiempo la imaginación había sido su mejor arma para vencerlo. Vencer al miedo. Pero sentía que con el paso de los años, además de ver cada vez más alejada su niñez, su mente se cerraba, y ya no conseguía refugiarse en aquella fantasía que durante tanto tiempo le había hecho salir adelante.
Mecíase la niña, con la cabeza encajada entre las piernas, con las huesudas manos abrazándose. Y lo sentía cada vez más próximo. La fría tristeza, la desolación, el desamparo, el temor. La desesperanza del final. Sentía la debilidad del vencido en todo su consumido cuerpo.
Mecíase la niña, incapaz de afrontar.
Mecíase.

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